viernes, 27 de marzo de 2020

La razón científica frente al populismo en tiempos del Coronavirus

Julio Solís Moreira [1]

En situaciones críticas emergen matices y aspectos positivos. La humanidad al estar enfrentada a situaciones límite ha encontrado, en incontables ocasiones, respuestas para salir adelante. Esta vez no será diferente, y la ventana de oportunidad nos puede llevar a tiempos de grandes posibilidades y nuevas respuestas para replantear la naturaleza de las cuestiones humanas, los vínculos, las subjetividades, el Estado y el gobierno, el mercado, y el rol de la tecnología.

Llevamos muchos años en los que el ruido de las olas conservadoras y las agendas populistas se han ido imponiendo a las razones, han sido tiempos de pocas posibilidades para el desarrollo social, para el sostenimiento en los gastos en salud y en educación, para el bienestar social en general.

Detrás de esas agendas reaccionarias, estaban en apariencia “ocultos y desprestigiados” muchos saberes útiles y logros históricos de la humanidad, disminuidos en importancia por algunos discursos del poder que han asolado al mundo orientándonos hacia la desigualdad rampante, la exclusión y la vulneración de los derechos de la mayoría.

Así en las últimas semanas ha vuelto a tener protagonismo, la potencia positiva que tiene la ciencia y su rol en el mundo moderno. De esa forma, la comunidad científica se ha abocado anónimamente, de manera generosa y con entusiasmo, a comprender y dar respuestas a un evento pandémico que se vislumbra como un punto de posible cambio de época.

En esta coyuntura, ha indicado acertadamente Manuel Castells:

“Ahora nos damos cuenta de la importancia de la ciencia y la tecnología para protegernos como especie de los desastres que nosotros mismos hemos generado”
El mundo está expectante a las noticias que pueden surgir para su propio bien, su autoconservación y certidumbre psíquica; y para ello, no han faltado las informaciones, los artículos, las bases de datos abiertas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), los datos en Tableau, el uso de los Sistemas de Información Geográfica, las grandes bases de datos en tiempo real, los Barómetros de información, las Gráficas actualizadas en tiempo real, los mapas de evolución en el tiempo, todas formas de representación del mundo buscando ordenar el caos y la complejidad mediante métodos como el Big Data, la Inteligencia Artificial (AI), la cibernética, la Ciencia de Datos (Data Science), cuya finalidad está orientada a la acción y a nuestra propia supervivencia.

De la misma forma las comunidades científicas en sus múltiples denominaciones han estado buscando explicaciones, investigando curas y encontrando razones. En la práctica vemos en el día a día el sacrificio mundial del personal médico extenuado y expuesto a la enfermedad. También se ha fomentado el debate y la crítica intelectual desde diversas perspectivas: AgambenMike DavisByung-Chul HanChomskyŽižekCastellsYuval Noah HarariBadiou. Todos esos autores repensando, proyectando e imaginando para bien o para mal un mundo post-Coronavirus.

Esa renovación de la razón lo ha sido bajo un régimen de necesidad (enfermedad)[2] y se ha encontrado con un obstáculo muy actual, como es, la emergencia de los populismos, basados en las más bajas pasiones: la apuesta por las soluciones sencillas, las opiniones, los fanatismos religiosos, los negacionismos, las soluciones radicales (de izquierdas y de derechas), las apologías de la desigualdad, los nacionalismos, entre muchísimas otras características.

En este contexto de crisis, la retórica populista emerge simplificando el evento y sus consecuencias, a modo de una política oscurantista enfrentada e interpelada por una cuestión compleja como es el COVID-19. Se observa como algunas de las elites políticas y sus caras visibles en los distintos gobiernos —Estados UnidosBrasilInglaterraNicaraguaMéxico— han puesto en duda la seriedad de los acontecimientos.

Tal situación, de simplificación, negacionismo, falta de conocimiento e inercia burocrática, en el peor de los escenarios, podría retrasar las capacidades para atender estratégicamente la crisis y la subsecuente afectación en la vida de las poblaciones y los sistemas de salud. El escenario dispuesto estará por verse en las próximas semanas.

La retórica populista enfrentada a los hechos y a los datos, ha tenido que cambiar de opinión y de acciones en muchos países. Se toma conciencia de la existencia de una situación de excepción por un cálculo de riesgo político, luego del riesgo económico y social, y la posterior obligación a escuchar la voz experta (científica) para la protección de las personas en riesgo.

Finalmente, esta coyuntura evidenció que, en los momentos donde la vida de la mayoría y de las propias élites se ve en peligro, ahí los grandes intereses se rinden “noblemente” ante el Estado, la ciencia y la razón.



[1] Sociólogo e investigador. Integrante del Grupo de Trabajo CLACSO Violencias, políticas de seguridad y resistencias. Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE), Costa Rica.
[2] “No se trata de una comedia, es una necesidad impuesta por la difusión de un proceso mortal que cruza la naturaleza (de ahí el papel eminente de los científicos en este asunto) y del orden social (de ahí la intervención autoritaria, y ella no puede ser otra cosa, del Estado).” Badiou



domingo, 22 de marzo de 2020

(Re)acciones colectivas en tiempos del Coronavirus


18 MAR, 2020
12:49 AM

En las últimas semanas diversos fenómenos se están volviendo comunes, entre ellos, el aumento de las filas en el comercio, las mediáticas compras compulsivas de papel de baño, alcohol en gel, desinfectantes, conservas, etc. Tales situaciones, son criticadas fervientemente por unos y ejercidas en silencio por muchos. En tal escenario se dejan ver diversas y complejas consecuencias de un evento pandémico que afecta los frágiles sistemas de organización social y las aparentes apacibles vidas cotidianas de la población.

Como primera medida de cambio, las acciones de los gobiernos, que además de ser distintas a nivel internacional son contraintuitivas a las vidas de las personas. El cierre de fronteras, la cancelación de los viajes por turismo, la acción o inacción de distintos gobiernos, las limitaciones de circulación en las ciudades, el distanciamiento social, la recepción y atención de los enfermos, son todas situaciones que potencian una sensación de pérdida de control de las propias vidas en las personas que habían proyectado viajes, actividades y encuentros.

La sensación de “falta de control” revela la fragilidad de la organización social. Organización que depende de una logística altamente interconectada para el mantenimiento de las necesidades cotidianas mediante la oferta de servicios públicos y privados. Tal incertidumbre por la “falta de control” frente a la afectación de esos servicios tendría diversas respuestas sociales que pueden derivar hacia sentimientos de miedo o temor.

Aunque habría múltiples manifestaciones o respuestas sociales, algunas a primera vista, están teniendo un impacto importante por sus efectos en las personas, como son, el uso de las tecnologías de información, la incidencia que tiene la información surgida de los sistemas de salud y la ciencia médica, y las capacidades que tienen los distintos gobiernos y las comunidades para enfrentarse a eventos de carácter inédito.

En cuanto a la tecnología, parece que hay un ciberleviatán levantado frente a nosotros, donde se multiplican los medios de información, no todos esos medios guiados por una intención de veracidad. Los límites de la información en este escenario se dan por una sobresaturación de estímulos a nivel sensorial y psíquico. En tal contexto se puede potenciar el acceso a la información en varias vías, pero sus usos son disimiles. Así, la información oficial y científica es contundente pero abstracta y compleja, la cual no entraría en un infográfico pero la población se ha habituado a una comunicación casi “telegráfica”. Frente a lo anterior, emerge gloriosa la información falsa, basada en rumores, en memes, en grupos que ofrecen remedios milagrosos y salidas fáciles e inmediatas reflejo de esa sobresaturación de “tener todo a la mano”. Sin dudas, la representación de la información entra en disputa, conquistando lo tendencioso mediante medios visuales en los que se ven calles vacías, supermercados con “desabastecimiento”, desmayos de personas “sospechosas de enfermedad”, hacinamiento en los centros de salud, entre muchos otros epifenómenos.

Con relación a la difusión de información, se puede encontrar un mecanismo discursivo y retórico denominado: de la parte por el todo (sinécdoque), en el cual a partir de imágenes o hechos concretos se generalizan comportamientos. De esta forma, la presentación visual de un evento particular emergerá a modo de aspecto justificativo, el cual la multitud tomará como una generalización, por ejemplo, una imagen de un estante vacío (parte) puede llevar a una asociación o creencia de desabastecimiento general (todo). Estas figuras discursivas son parte del quehacer cotidiano por excelencia.

La población también se ve enfrentada a la lógica de funcionamiento del campo científico. Por el estado de avance y novedad del coronavirus que ocasiona la enfermedad COVID-19 las informaciones recibidas son preliminares y contingentes, si bien la Organización Mundial de la Salud (OMS) y demás organismos oficiales han alertado con rigurosidad y se han hecho diversos estudios, la percepción cotidiana puede interpretar esas acciones como adaptativas al contexto y no contundentes, con datos que llevarán tiempo para ser procesados y sistematizados en relación a aspectos tales como la duración de la enfermedad, el periodo de incubación, los síntomas exactos, la prevalencia y el perfil epidemiológico, los efectos o consecuencias de quienes han pasado por la enfermedad.
Tales escenarios son vividos de manera significativa en el día a día con alta incertidumbre. 

La ruptura en el paso de un estado de latente control social a uno de alta fragilidad de ese control conllevará a tener máximos cuidados en el tratamiento de la emergencia, debido a que la información es altamente confusa, y las respuestas sociales podrían tener consecuencias negativas, como antes se indicó, usando de ejemplo las respuestas sociales en el ámbito de las tecnologías de la información y el campo de la ciencia.

De la misma forma, dentro de las diversas consecuencias surgidas de las respuestas sociales pueden emerger formas de representación colectiva que podrían expresarse en prácticas concretas. Dentro de esas formas, están los mecanismos discursivos de exclusión, similares a lo que propone Foucault en “El orden del discurso”, y que implican formas de separación y rechazo. Se podría decir que estos mecanismos conllevarían inercialmente a creer en posibles situaciones ficcionales de decadencia o ruptura del orden social.

Los principios de oposición se pueden referir a la negativización del otro, y esa otredad puede ser una característica material o abstracta. Se pueden simbolizar oposiciones duales, como la supervivencia del individuo frente a lo colectivo, que en los entornos hacinados y empobrecidos la epidemia se “propagará” más rápidamente (aun cuando la pandemia es generalizada), la sensación de una recesión ya vivida aumentada por un posible desorden social causado por la pandemia frente al orden social positivo (el pasado fue mejor a modo de argumento conservador), el retorno a los vínculos primarios (proteger a la familia) frente a las corporaciones colectivas. El razonamiento dispuesto puede justificar el principio de supervivencia, de lo primario frente al otro, a lo desconocido, de la agrupación cercana frente a la solidaridad de la sociedad en general. Muy bien representadas estas narraciones por la ciencia ficción a modo del mundo en la película Mad Max.

Existentes tales representaciones, respuestas sociales y prácticas concretas que conllevan a la histeria grupal, se ha de apostar por respuestas colectivas contundentes, protocolos de actuación que prevengan las posibles manifestaciones de ruptura con los derechos de las personas para garantizar desde el sector gubernamental y el sector privado la oferta equitativa de los bienes públicos y de uso común. Tales bienes serán necesarios para salir de un escenario inédito en la historia, por los recursos dispuestos y los sacrificios que tendremos que sostener como sociedad.


Delfino CR

Julio Solís Moreira

Sociólogo e investigador social.

domingo, 5 de agosto de 2018

Libro: Adaptaciones de la política criminal en la seguridad ciudadana y la prevención de la violencia en América Latina

Link del libro: https://goo.gl/dggaqR

Este libro busca presentar los factores de adaptación de la política criminal y el control social formal en el diseño de los modelos de seguridad y los enfoques preventivos o proactivos, de los cuales, a modo de contexto de surgimiento, se pueden evidenciar intervenciones enfocadas en la situación (enfoque multifactorial o ambiental), en la comunidad (prevención multiagenciada y coproducción de la seguridad) y a través del desarrollo social (prevención social focalizada). De estos factores igualmente se muestra la integración de las víctimas y su rol político, los modelos de defensa comunitaria (espacios defendibles) y diversas reformas institucionales en la nueva gobernanza urbana, condiciones de las que se argumentará hay un proceso de aumento en la complejidad de la organización del control social.



Asimismo, emergen reformas en las pautas de intervención de la acción pública, la fundación de discursos en ámbitos antes no explorados por el control social (el factor espacial, la comunidad y la asociación), la ampliación de la influencia de los actores de la sociedad civil y del sector privado, las narrativas del temor e inseguridad en las urbes. Tales mutaciones revelan el contexto social y doctrinario de la reacción social frente a la violencia, condición reforzada mediante la instalación de marcos mentales respaldados por el sector académico, el mundo de los expertos y la esfera de acción del funcionariado especializado.

Indicado lo anterior, se destaca en el texto la existencia de procesos adaptativos en las actuales políticas públicas de intervención frente al fenómeno de la violencia, influenciadas por múltiples variaciones en la proyección de la política criminal, esto en referencia a la configuración de cometidos sistémicamente dirigidos a movilizar agendas, recursos y expectativas del público en la promoción del control reactivo y también en la prevención de riesgos derivados de factores estructurales y situaciones tendientes a la violencia delictiva.

Parte de los argumentos enfocados a la categoría central de organización, se harán desde una postura o enfoque analítico sistémico, como un esfuerzo por delimitar la relación metafórica del sistema-entorno, que busca ser un puente para comprender los procesos de especialización y organización de las intervenciones dirigidas hacia áreas ambientales o poblaciones específicas. Ante tal decisión surge igualmente la necesidad de problematizar críticamente los condicionantes que subyacen en la configuración organizacional de los ordenamientos institucionales y sus complejas estructuras de dominación y disciplinamiento, frente a la potencia activa de los individuos y los grupos sociales.