lunes, 4 de febrero de 2008

Desaceleración comunal y aceleración del yo, del fin y los medios.

Hacia un rumbo practico caminan los fines; del hogar a las labores, del día al año, todo hacia la muerte; vivir el tiempo y la espacialidad  frente a ello podría aseverarse un yo en una carrera a contrarreloj, con espacios limitados, sistemas cerrados que alteran su conciencia la cual divaga con medios coercitivos que intentan significarle… 

El sí mismo fracasa corriendo hacia otros -que no lo notan- para entenderse, en el espacio acelerado que es la vida, donde emergen con violencia las reducciones explosivas de la rutina, disipando y bifurcando las asignaciones que se pretenden, así los planes se deforman. Las uniones que posibilitan el ser, se hacen técnicas, casi así se consolidan relaciones de acuerdo a fines que ya no son prácticos, puesto que las partes mediadoras se desligan y rompen, entran en conflicto, o se deslizan hacia un “no lugar”. 

Las afirmaciones se vacían en practicas de obligación y control, es ahí donde el sí mismo fracasa en su liberación o autonomización, en la obligación de entender lo otro y los poderes fuera de sí expresados en dificultades para situar su autonomía frente a los limites que los demás le imponen. 

Aun cuando el sueño moderno -la universalidad de la razón- ve su ocaso en fuerzas externas que aceleran al yo y le imponen su muerte temprana, es posible ver que no hay razón para que el fin sea un limite de la realidad común, sino proponer medios para trascender un sueño que integre a un cuerpo comunal y lo libere de las intenciones unitarias inmediatistas extremas… se recae en la herencia que nuestros antepasados han dejado, la historia, el único bastión que une las estructuras, aun cuando el fin de la articulación y reproducción hegemónica actual niegue la unidad compleja que es el yo, vaciándolo en la apariencia de aceleración, de fines sin sentidos. ¿Es la identidad caminando -o corriendo- al farallón…?

Julio Solís Moreira
Sociólogo e investigador
4/2/08