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lunes, 19 de marzo de 2018

Violencia y delito en el espacio urbano: aportes a la política pública (Policy Brief)


En este policy brief se aborda un problema público fundamental, la relación entre la violencia y el espacio urbano. Ha de reconocerse que la violencia tiene distintas manifestaciones, entre las cuales se incluyen los actos contra la vida y la integridad física de las personas (criminalidad), contra la propiedad (delincuencia), la violencia directa (agresiones, abuso sexual) y simbólica (denigración, estigmatización), la violencia institucional (negligencia, maltrato) y la violencia estructural (desigualdad, exclusión y segregación). Reconocer esas tipologías de violencia es fundamental y también lo es el comprender que acontecen en ciertos lugares.


El fenómeno de violencia, es a su vez un hecho relacional, entendido como un conjunto de actos interpersonales y colectivos que afectan la vida, los derechos y la convivencia entre personas emplazadas territorialmente. Manteniendo la mirada en la localización de la violencia como hecho relacional, se le puede enmarcar a modo de escenario de comportamiento dispuesto en el espacio, el hábitat, el entorno urbano y la estructura de la ciudad.


Teniendo en cuenta lo anterior, para el desarrollo de este documento se mostrará la incidencia de la violencia en cinco espacios urbanos de la ciudad, los cuales son colindantes (Curridabat, Desamparados, Alajuelita, Escazú y San José) y presentan diversas manifestaciones de violencia criminal y delictiva que en años recientes se ha asociado al surgimiento de grupos dedicados al tráfico de drogas, el pandillaje, actos de sicariato y diversos tipos de violencia patrimonial.

jueves, 19 de mayo de 2016

La ciudad purificada: dilemas del reconocimiento y la segregación en la vida urbana

Publicado en Ssociologos 15 de mayo de 2016. 


El mundo social deviene de un hecho fenoménico y aparente, el reconocimiento del otro, esto como la posibilidad material del encuentro. Ha de añadirse también la potencia de la comunicación como una fuerza que conjunta la reciprocidad de perspectivas intersubjetivas de los individuos que enriquecen el sentido y el lenguaje compartido en prácticas sociales. El reconocimiento social como categoría y principio, es una condición que se sostiene sobre la apariencia de la necesidad del otro que estaría predispuesta a nuestros sentidos en el espacio vivido.



La presuposición expuesta situaría al sujeto a un constante contacto en el mundo del diario vivir, tal constancia históricamente se ha institucionalizado en la esfera y el espacio público, escenarios de relacionalidad cuya potencia implica el fortalecer el reconocimiento del otro y los derechos a ese reconocimiento. La potencialidad del espacio público es fundamental en la vida urbana en tanto supera la inmediatez de la vivencia individual. 

Si el mundo ha de incluir un espacio público, no se puede establecer para una generación y planearlo sólo para los vivos, sino que debe superar el tiempo vital de los hombres mortales. Sin esta trascendencia en una potencial inmortalidad terrena, ninguna política, estrictamente hablando, ningún mundo común ni esfera pública resultan posibles. (Arendt, 1993, p.64)

Si bien, el reconocimiento y los espacios públicos son centrales, no se consuman concretamente o de manera definitiva debido a ciertas rupturas, entre ellas, los procesos de individualización, los agrupamientos cerrados o las formas de organización social que no aspiran al acceso inclusivo de los ciudadanos a sus esferas.

Tal reflexión reafirma el dilema del reconocimiento en los contactos sociales, su fuerza o debilidad en el espacio, particularmente en los espacios urbanos, donde los individuos se ven arrojados a una vorágine de estímulos, de encuentros y desencuentros. Ante esos procesos, algunos grupos sociales se organizan, alejándose intencionalmente (segregación) de otros grupos.

Sennett (2002, p.78) reflexiona acerca de esas distancias, planteando la forma en que algunos grupos se alejan de otros en búsqueda de una “identidad purificada”, tal mecanismo implica enfrentarse al supuesto desorden de la vida social creando una visión y una identidad comunitaria unificada (homofilia), casi a modo de una adolescencia en el proceso de agrupación micro-social, alejándose de las experiencias sociales existentes fuera del grupo primario[1].

La ilusión retenida por los adolescentes cautivados por el deseo de una identidad purificada es que ellos escogen una rutina coherente y segura, con conocimiento y experiencia de todas las alternativas de la seguridad. No hay ningún motivo para que las personas que han aprendido semejante técnica de evitación en sus particulares vidas, no aprendan como adultos a participar juntos. Las experiencias públicamente dolorosas, las situaciones sociales desconocidas llenas de posible sorpresa y reto, pueden ser evitadas gracias al común consenso de una comunidad en creer que ellos conocen ya el significado de estas experiencias y han extraído las lecciones de ellos conjuntamente. (Sennett, 2002, p.80)
 
Tal aspiración de purificación es un anhelo de vuelta a lo conservador que se potencia con el aislamiento físico, que además procura la protección de la identidad del grupo, en un tipo de acción colectiva ahora enfocada a la protección e integridad frente a un mundo atemorizante, desordenado, diferente y no tolerable.[2]

La defensa de la comunidad se erigirá sobre el mito de la solidaridad grupal, cuando ésta es más producto del miedo, la inseguridad y del temor a lo desconocido, que de las relaciones sociales. (Gurrutxaga, 1993, p.211)

Así la predisposición o las reacciones sociales de agrupamiento cerrado tendrían consecuencias no deseadas en la conformación de los grupos, lo que a posteriori implicaría un desencadenante conflictivo entre la vida pública y la vida privada, última que se reafirmaría en la intimidad y por tanto en la individualidad como carácter predominante por sobre el carácter colectivo. Tal condición de organización social la pondría en evidencia Sennett (1978) con su texto “El declive del hombre público”.

El espacio público muerto es una razón, la más concreta, para que las gentes busquen en el terreno íntimo lo que se les ha negado en un plano ajeno. El aislamiento en medio de la visibilidad pública y la enfatización de las transacciones psicológicas se complementan mutuamente. Hasta el extremo, por ejemplo, de que una persona siente que debe protegerse, mediante el aislamiento silencioso, de la vigilancia que los demás ejercen sobre ella en el dominio público y lo compensa descubriéndose ante aquéllos con los que quiere establecer contacto.(p.25)

Las nociones presentadas ratifican el dilema del reconocimiento en el espacio público, elementos vinculados al problema del agrupamiento social cerrado como una disposición que logra controvertir la conformación social colectiva. Estos mecanismos de organización autorreferenciales tienen además incluidos no solo la intención de apartamiento social, sino que incluyen el poder de aquellos que relegan a los grupos considerados exógenos, tal repulsión termina en el sostenimiento de estigmas y formas de rechazo social.

Para reafirmar tales comportamientos se puede hacer uso de la reflexión de Elias (1997) acerca de “Las relaciones entre establecidos y marginados”, en la cual hace uso de un estudio sobre una comunidad inglesa suburbana llamada Winston Parva, donde había un grupo de vecinos establecidos hace varias décadas y una zona de vecinos nuevos que eran rechazados y estigmatizados, encontrándose así una referencia a grupos que constituyen normas comunitarias purificadas enfrentadas a otros grupos que terminan siendo prejuiciados.

La similitud de las pautas con que grupos imponentemente poderosos estigmatizan a los respectivos grupos marginados en todo el mundo -una similitud por encima de todas las diferencias culturales- puede, a primera vista, resultar un tanto sorprendente. Pero los síntomas de inferioridad humana, que un grupo poderoso de establecidos percibe más directamente en los miembros de un grupo marginado menos poderoso y que a sus miembros les sirven de justificación de su propia elevada posición y de demostración de su propio valor superior, por lo común se generan en los miembros del grupo inferior -inferior en cuanto a su potencial de poder- por la sola condición de su posición marginal y debido a la denigración y opresión concomitantes. (Elias, 1997, p.98)

Lo expuesto representa un hecho, el comportamiento -situado espacialmente- de las agrupaciones cerradas aparece como respuesta de purificación, segregación, conflicto y fractura del entorno urbano frente a diversos grupos sociales representados negativamente. En ese proceso se daría la constitución de dispositivos de denigración espacial, definidos por Wacquant y otros (2014, p.231) como procesos simbólicos en los cuales los grupos sociales poderosos y establecidos se enfrentan abiertamente a las pautas de reconocimiento social y a la creación de espacios públicos, esto tendría consecuencias reales en los grupos segregados, afectando sus capacidades de acción colectiva, corroyendo el sentido de arraigo, desprestigiando a ciertas zonas de la ciudad, afectando la oferta de servicios en los lugares estigmatizados como violentos (las y los funcionarios de los servicios públicos tendrían miedo de entrar a los lugares denigrados), todo esto reforzando la marginalidad por un lado y por otro reafirmando socialmente a los agrupamientos que buscan purificar la ciudad a través de la edificación de espacios cerrados y defendibles frente al “desorden urbano”.

Fuentes de referencia:

Arendt, Hannah. La condición humana. Barcelona, Paidós, 1993.
Elias, Norbert. «Ensayo teórico sobre, las relaciones entre establecidos y marginados.» En La civilización de los padres y otros ensayos, de Norbert Elias, 79-139. Bogotá: Editorial Norma S.A, 1997.
Gurrutxaga, Ander. «El sentido moderno de la comunidad.» Reis: Revista española de investigaciones sociológicas, 201-222, 1993.
Sennett, Richard. El declive del hombre público. Barcelona, España: Ediciones Península, 1978.
Sennett, Richard. Vida urbana e identidad personal: los usos del desorden. Barcelona, España: Península, 2002.
Wacquant, Loïc , Tom Slater, y Virgilio Borges. «Estigmatización territorial en acción.» Santiago, Chile: Revista INVI 29, nº 82, 2014.



[1] “Esta misma proyección de solidaridad comunitaria, opuesta a la experiencia comunitaria, me chocó fuertemente al mirar en la cadena de acontecimientos que condujeron al desahucio de una próspera familia negra de un lujoso suburbio en las afueras de una ciudad del Midwestern. En este suburbio, la tasa de divorcio era casi cuatro veces mayor que la de la media nacional, la tasa de delincuencia juvenil comenzaba a aproximarse a la de los peores distritos de la ciudad a la que pertenecía el suburbio, la incidencia de hospitalización por colapsos emocionales era frecuente. Con todo, las personas de la comunidad se unieron en una gran exhibición de fuerza para arrojar a la familia negra de su casa a los tres días de haberse trasladado ésta porque los residentes dijeron, entre otras cosas, que «somos una comunidad de familias sólidas» y «rechazarnos la clase de gente que no puede mantener sus familias unidas». «Es un lugar feliz y tranquilo —dijo un residente— y el carácter de la comunidad tiene que mantenerse unido». La importancia de este incidente no es simplemente que los residentes del suburbio mentían descaradamente, sino que mentían de esta particular manera. Algunos escritores han argüido que tal «inseguridad» figura en la raíz de esta necesidad de una imagen de comunidad, de «nosotros».” (Sennett, 2002, p.74-75)
[2] “Por un acto de voluntad, una mentira si lo prefieren, el mito de la solidaridad comunitaria confiere a estos individuos modernos la oportunidad de ser cobardes y engañarse mutuamente.” (Sennett, 2002, p.76)

jueves, 21 de abril de 2016

La Relevancia Contemporánea de la Sociología del Conflicto

Publicado en Ssociologos 20 de abril de 2016. 

El conflicto es una característica subyacente a la conformación de las sociedades humanas, como categoría de análisis nos posibilita comprender la condición humana que se reproduce en un proceso de mantenimiento y decaimiento, esto implica la necesidad de reflexionar sobre la continua lucha por resistir, surgida de los más diversos disensos, vitales para encontrar soluciones en el horizonte de la complejidad organizativa.


Fuente: http://static.panoramio.com/photos/original/1322737.jpg

Manteniendo la mirada sobre la idea anterior se abordarán diversas discusiones relativas a la sociología del conflicto. Desde una mirada contemporánea del conflicto hay un esfuerzo por entender a los actores del conflicto, en una relación social de poder, donde los grupos de presión luchan por hacer legitimas sus decisiones.

Asimismo cuando se habla de conflictividad se buscar ir más allá de los conflictos surgidos de la estructura económico-material (modelo clásico del conflicto social) y se le presenta como un conflicto institucionalizado en sistemas políticos donde la capacidad para solucionar los conflictos también se da mediante contratos, derechos, titularidades y acuerdos entre actores.

Para contextualizar las disyuntivas expuestas Ralf Dahrendorf señaló que para entender el origen del conflicto hay que remitirse a la teoría clásica del conflicto, ligada a la raíz semántica de las clases[1] y su contraparte, los sectores (estratificados) en las formaciones sociales. Se plantea un sistema de relaciones que tiene que ver con la posesión del capital, la propiedad y la subsiguiente condición jurídica (el status del propietario).

El modelo clásico se refiere a la forma en que Karl Marx abordó las clases, modelo en el que importa el carácter y la condición de la relación originaria del conflicto, la desigualdad de clases, y de ello las relaciones contrapuestas entre capital y trabajo que se manifiestan en la propiedad y la estructura de las relaciones económicas. De esta forma, ahí donde las relaciones económicas aparecen, se daría una relación entre propiedad y poder.

El enfoque clásico se sostiene sobre una situación de clase directamente vinculada al poder político (intereses de clase), de los propietarios frente a otros individuos aislados (proletarios) de poder. Parte de esa contraposición se refleja con una “oposición de intereses” y deriva del interés de cada capitalista y de la clase capitalista; por ejemplo el interés inmediato del proletario es el salario de trabajo, como el de la burguesía el beneficio. Marx empleaba el concepto de clase en un sentido sociológico, pero no tenía el propósito de describir el estado social particular, sino abarcar analíticamente la totalidad social. En perspectiva, “las clases” son grupos opuestos por fuerzas, y debido a esa contraposición aparece el conflicto; último que se refleja en un cambio de la estructura en el conflicto de clases.

Si bien el acceso diferenciado a la propiedad, es un indicador para una sociología del conflicto, Dahrendorf lo hará en alusión a las diferencias entre propiedad activa y pasiva, en la propiedad y el control. El argumento de la propiedad y el control sirve para hacer referencia a la propiedad privada movilizada en la sociedad, en sus inicios directa o activa, donde el capitalista poseía exclusivamente y a título personal el poder de la empresa. Frente a lo anterior se presenta una disyuntiva con los procesos de “racionalización económica” implementados durante la segunda década del siglo XX, mediante la organización racional, que involucra la dirección científica de la empresa y del trabajo, y la aplicación de la administración y la planificación en todos sus aspectos. Ese desarrollo organizativo habrá transformado el conflicto de una manera radical.

La administración social llevaría a la estabilización de las formas de regulación de las relaciones, en la “institucionalización de la oposición entre las clases”, a través de solidas rutinas en las relaciones, instituciones sociales, normas formales e informales. Tal tendencia tiene consecuencias directas sobre la sociedad de clases, pues las funciones de control -cada vez más administrado- se ven limitadas por interlocutores burocráticos tanto en las empresas privadas como en el Estado. En este contexto, además se da la estratificación social de la clase trabajadora, por medio de especializaciones y el surgimiento de una llamada “clase media” de empleados burócratas (planificación, ventas, contabilidad, administración, profesionalización) quienes carecen de propiedad al igual que los proletarios.

La “solución” relativa a los problemas de la cuestión social, solapan la relación conflictiva entre el capital y el trabajo, institucionalizando el conflicto a través de servicios sociales[2] que modulan las ligaduras sociales, crean provisiones, oportunidades vitales y la titularidad de ser ciudadano, individualizándose el conflicto en roces más que en disputas colectivas.

Conforme va avanzando el modelo de una sociología contemporánea del conflicto se va condicionando el elemento económico-material para asociarlo a otras variables y para plantear las posibles vías de escape del enfoque económico-político. De esta forma los roces sociales y el conflicto introducen al concepto de ciudadanía con la formación y surgimiento de los derechos jurídicos, políticos y socio-económicos que se van presentando persuasivamente como reguladores del conflicto en una tendencia positiva hacia la “igualdad material”, por medio del salario mínimo (jurídicamente legítimo), el incremento de los salarios reales, los gravámenes fiscales, las cajas de seguros, etc.

La ciudadanía emergería como una fuente generadora de consenso y posibilidades. Se podría decir que la ciudadanía se reafirma en el gozar de titularidades (derechos), como una cualidad de las normas en términos legales o no, de crear accesos y organizar las necesidades a favor del bienestar material e inmaterial. Por ello las sociedades crean provisiones, que son opciones u oportunidades estructuradas para gestionar las titularidades del ciudadano.

Las titularidades responden a la ciudadanía política, mientras que las provisiones son opciones económicas, y las dos se articulan, así señalaría Dahrendorf que “ninguna cantidad de igualdad en relación a los bienes materiales puede abolir la desigualdad posicional”; desigualdad que es de status y no de clase, por eso son las titularidades las que obligan al sistema a avanzar enfrentado a diversos conflictos.

Los procesos de transformación económica, política y social, representan un proceso de institucionalización del antagonismo de clases, pues habrían avances en términos normativos del movimiento jurídico de avance social presentándole a los grupos sociales de manera discursiva la extensión de derechos ciudadanos que corresponde la ampliación de la esfera de la igualdad de “hecho” en la sociedad.

De lo anterior surge un tema problemático, central en este análisis, y es que, además de la ciudadanía política (status de “plena” participación en los derechos de la sociedad), surge un “sistema secundario”, la democracia política[3], que aspira a “crear normas” para regular el conflicto, por medio de los partidos, a modo de organizaciones que representan los intereses (cámaras de empresarios, sindicatos). Así la oposición entre trabajo y capital, se reconcilia en una categoría de institución jurídica, donde la lucha de clase, es sometida al control y las reglas de juego de un sistema político (democracia liberal, representativa, de partidos elitistas).

Se podría decir, que la institucionalización del conflicto, es parte de la regulación de los cometidos e intereses anti-sistémicos existentes en un sistema político. Además se plantea que a pesar del fenómeno de institucionalización, continua el carácter de una sociedad estratificada y la existencia de una desigual distribución de la autoridad o de la “legitima” disponibilidad del poder. El conflicto tamizado por la dominación pasa a ser un conflicto entre asociaciones políticas o grupos de interés organizados.

El poder no solo generaría desigualdad sino, por la misma razón, conflicto. Esa es parte de la insociable sociabilidad, por eso a través de la creación de “oportunidades vitales”, se establecería un contrato social mejorado. Habría una aporía, entre el deseo de bienestar material frente a la formación elitista de las asociaciones de dominación (pública y privada). Aunque la ciudadanía convertida en sociedad civil aparece como potencia, no lo es en sentido estricto como una ciudadanía sustantiva que logra su bienestar económico, sino como una ciudadanía a la que se le administra el conflicto.
Fuentes de referencia.
Coser, L. (1967). Nuevos aporte a la teoría del conflicto social. Buenos Aires, Argentina.: Amorrortu editores.
Dahrendorf, R. (1990). El conflicto social moderno. Ensayo sobre la política de la libertad. Barcelona, España: Mondadori.
Dahrendorf, R. (1974). Las clases sociales y su conflicto en la sociedad industrial. (Tercera Edición ed.). Madrid, España: Ediciones RIALP.
Marshall, T. (1997). Ciudadanía y clase social (1949). REIS, 297-344.
Renna, H. (2008). Con Marx y con Dahrendorf: leyendo los conflictos urbanos en la ciudad de Santiago de Chile. Chile: Centro de Análisis e Investigación Política.
Toscano, M. (2007). Oportunidades de vida: el significado de las ligaduras sociales en el liberalismo de Ralf Dahrendorf. Contraste, Revista Interdisciplinar de Filosofía, 162-170.
[1] En Roma, “Classis”, en Marx “Las clases son agrupaciones políticas instituidas por un interés común. La lucha de clases en contra otra clase es un lucha política.”
[2] Trabajo, educación, salud, movilidad, provisiones sociales, entre otros.
[3] En el sentido de Dahrendorf, es Democracia Liberal.

miércoles, 30 de marzo de 2016

La violenta convivencia social costarricense.

Estamos ante el rostro más crudo de la violencia. Y es un momento ideal para reflexionar en qué falla en nuestra convivencia social y cuáles son nuestras responsabilidades por el deterioro que padecemos.
Cierto es que hay responsables directos de la trágica muerte del joven Alejo Leiva Lachner, pero también es cierto que hay muchos corresponsables.
En nuestro análisis de este martes en Hablando Claro, tanto el especialista Daniel Motul como el Viceministro de Paz, Víctor Barrantes, coincidieron en un hecho fundamental: muchos de los muertos que nos duelen como comunidad y como familia no son producto de la criminalidad. Son producto de la incapacidad que tenemos de dialogar, de enfrentar nuestras diferencias de manera civilizada buscando resoluciones en las que no medien insultos, gritos y armas.

Los fríos datos terminan de confirmar esta afirmación: el 45% de las muertes dolosas en el país ocurren a jóvenes entre los 15 y los 29 años de edad y no tienen relación alguna con asaltos, robos u otros hechos delictivos, sino que se producen por comportamientos violentos.
¿Tenemos posibilidad de corregir nuestros patrones de convivencia?

De esto conversamos con los especialistas en ciencia social Julio Solís y Evelyn Villarreal hoy en ‪‎Hablando Claro.
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Seguridad, convivencia, violencia, prevención, resolución de conflictos.

jueves, 12 de febrero de 2015

Convivencia urbana en San José

En este informe se presentarán los hallazgos y los resultados logrados a través de la investigación titulada: “Convivencia urbana en San José. Un estudio sobre las prácticas cotidianas y las representaciones de las y los habitantes de Barrio Cristo Rey y Barrio Escalante (2011-2013)”. Esta investigación se diseñó y ejecutó con un objeto de estudio concreto, el estudiar la ciudad a través de la cotidianidad y las vivencias de los pobladores de dos barrios josefinos, que se justificaron como casos ejemplares, por su importancia histórica y demográfica dentro de los distritos Hospital y Carmen.

Del mismo modo, la escogencia de estos barrios se concentró en las evidencias surgidas de los contrastes en el bienestar económico y social, entiéndase esto, en las diferencias objetivas en indicadores educativos, salariales, ocupacionales, habitacionales, por edad, rama de actividad y grupo ocupacional en el Censo 2000 y 2011 en Costa Rica.

Para lograr lo anterior, durante esta investigación se buscó establecer un modelo analítico y comprensivo, cuyo fin fue llevar a cabo un estudio cultural de la vida cotidiana en entornos urbanos, esto se logró mediante la argumentación y la construcción de unas dimensiones de análisis -uso y apropiación del espacio, el uso e intercambio del tiempo, las vinculaciones vecinales y la participación de las y los vecinos- que vendrían a representar las bases de la convivencia urbana.


Las premisas señaladas se organizaron en varios niveles, desde la contextualización del tema y la problematización, donde se argumentaron cuatro factores centrales: histórico, demográfico, cultural, técnico-político, a partir de ellos se enfocó la justificación y una fundamentación teórica sobre la convivencia urbana, la vida cotidiana en barrios, la selección de las unidades de análisis 3 , luego se operacionalizó metodológicamente el conocimiento pertinente con miras hacia la generación de la prueba empírica, que se proyectó en tres componentes (uno por objetivo).

En un primer momento, un diagnóstico de los barrios (historia, actores y datos demográficos de los barrios y la ciudad de San José), luego un componente asociado a las representaciones y proyecciones de las y los vecinos en cuanto a sus vivencias en el barrio y la ciudad, y por último un componente ligado a las prácticas cotidianas en los barrios en relación a una encuesta sobre Convivencia Urbana con miras a delinear un índice de convivencia para el estudio de barrios.

En términos metodológicos, siendo esta investigación un estudio de caso-comparativo, se buscó triangular la generación de la prueba empírica, primero por medio de la obtención y codificación categorial de información cualitativa (entrevistas semi-estructuradas). Luego se definieron indicadores y variables pertinentes a partir de la información cualitativa y el marco teórico, información que fue de utilidad en la implementación de una encuesta que sirvió para tener claridad sobre la convivencia de los pobladores en los dos barrios.

Las condiciones señaladas deviene y llevaron a la formulación de la siguiente problematización: ¿Cuáles son las prácticas cotidianas y las representaciones alrededor del uso y la apropiación del espacio, el uso e intercambio del tiempo, la vecindad y la participación, en Barrio Escalante y Barrio Cristo Rey, San José, Costa Rica (2011-2013)?

miércoles, 9 de octubre de 2013

Entre lo ético y lo técnico

Cualquier organización se sostiene sobre la existencia de problemas, sean del entorno, de las personas, de los grupos, de las comunidades. Por eso organizar significa dar respuesta a las disyuntivas que surgen, a los dilemas críticos sobre los cuales se reflexiona y se actúa, como el desempleo, la pobreza, la indigencia, la enfermedad, la vulnerabilidad, la desprotección social. Los problemas se pueden solucionar o gestionar. Acá empieza el primer problema para comprender la gestión política y pública, ¿solucionamos o gestionamos?

Por una vez pensemos en una ficción política, que el Estado y el Gobierno son formas meramente embrionarias: un momento donde los problemas son grandes y a la vez novedosos. ¿Qué se ha de hacer ante los vacíos? Se tiene que organizar el territorio, se han de definir los derechos de los habitantes, deberán cumplirse las necesidades vitales para lograr el bienestar de todos en ese lugar imaginario. Imaginemos que en ese lugar hay esperanzas por crear cosas beneficiosas para todos y todas, teniendo en cuenta que a pesar de ser un mundo imaginario unos nacieron mejor posicionados que otros, que unos son nuevos en el mundo y otros son viejos, por lo que son vulnerables, pero que a pesar de esas vulnerabilidades y diferencias existe la posibilidad de crear una vida digna y justa para todos. Como imagen que es, pensemos que unos tendrán la intención de organizar, buscar y lograr algunos proyectos que satisfagan a las personas, esto teniendo de nuevo en cuenta que la organización deviene de problemas y lleva hacia ellos.

Empezamos con un primer límite, que es imperativo, que es ético y emana de un “deber ser”, que estas personas buscarán crear unas pautas comunes para convivir y organizarse, así habrá gente que se movilizará para organizar, es decir, para resolver los problemas del conjunto, de formas que no son tan conscientes (casi a modo de "solidaridad orgánica"). Además pensemos que estas personas si bien saben que necesitan cosas para sí mismas no solo piensan en sí mismas, piensan en los demás aun cuando estos no lo pidan de forma expresa, y a pesar de lo anterior, se movilizarán para alfabetizar, para mejorar la salud, para controlar enfermedades, para producir alimentos, bienes y servicios.

Bueno, la imagen suena utópica, cooperativa y organizada. Si bien lo es, tiene algo de cierto y algo de falso (pues olvida el conflicto). Lo cierto es que el desarrollo moderno evidencia importantes esfuerzos por mejorar la vida de los habitantes con acciones políticas y públicas que nada tienen que ver con la "privación" y el "egoísmo" en la organización de los problemas comunes; tiene algo de falso, que si bien hay experiencias, estas han sido deterioradas y desmanteladas en los últimos años. Además, se enfrentan las normas, entre unas que guían un imperativo ético del nosotros, y otras que apelan al "yo", al "sí mismo", así las personas se ven únicas en el mundo a pesar de la necesidad frente al otro y de vivir en sociedad (algo que Richard Sennett ha trabajado en la "Corrosión del carácter" y el "Declive del Hombre Público"). Ese dilema de lo falso es vital, nos pone la mirada ante una realidad imperfecta, ante uno de los problemas más duros en la organización colectiva y las formaciones sociales, el interés de unos y la lucha. Entonces ¿qué hacer si aquellos que quieren hacer algo por el conjunto, topan con el límite, hasta con el conflicto frente a otros que no lo quieren?

De nuevo imaginemos, que los que quieren hacer algo buscan crear mecanismos para ser realistas, perdiendo la inocencia; se dicen, si no pudimos solucionar los problemas propongamos unos mecanismos de gestión, y acá surgen las buenas voluntades, se juntan eruditos, estadistas, juristas, científicos, luminarias, que bajo la luz del saber miran unas vías de escape ante la tragedia común de la realidad. Podría surgir una forma regulacionista, hecha a favor y en honor del derecho del conjunto, se crearan así, normas, pautas, reglamentos, administraciones para darle sentido al imperfecto mundo, así se sabrá qué hacer con miras al futuro, y cuando alguien falte al "honor de esa regla", en su salvación y última medida, será presa del castigo… Otra forma sería, la de los que se abanderarán bajo la ciencia, en el manejo de indicadores de gestión, importantes para una medición “efectiva” de las acciones educativas, sanitarias, securitarias; estos buscarán sostener las acciones logradas con anterioridad, con la idea de avanzar lentamente a un futuro mejor, este modelo es imperativamente tecnocrático.

En el camino se topan dos imperativos, el ético y el técnico, y se puede pensar que uno no es más importante que otro en la organización social. Estos dilemas pueden encontrarse de formas diversas, siendo precisamente problemas serios.  ¿Cuáles son los fines que nos acompañan en el desarrollo de un país?, ¿cuáles son los objetivos de la gestión política? ¿En qué momento se desgastan las esperanzas? ¿Por qué se bloquean los sistemas políticos?

El dilema más importante vertido acá es: ¿Cómo superar el bloqueo de un modelo que no sabe cuál es la guía ético-política y además tampoco tiene una potencia técnica para saber sobre sí mismo? ¿Cómo se cuadra una lógica más allá de lo técnico, o de la ética en la operación técnica...?

Impera un esfuerzo, que queda marcado en una aspiración, de la racionalidad moderna guiada por la ciencia. Acá no se estaría hablando  completamente de una valoración normativa sino de un acuerdo más o menos imperfecto del saber que aspire al bien común. Se puede tener un engranaje organizativo más o menos efectivo, pero sí no hay acuerdos, que son políticos, no se logrará mucho. Además el problema fundamental de la técnica o la tecnocracia es, que aspira a lo particular, a lo controlable, a lo medible. Lo ético-político, si bien no es universal se delibera en un acuerdo conjunto, en un espacio público, y tiene una potencia, que puede pensarse pluralista e inclusivo. El dilema es muy grande, está en la implementación de una tecnocracia y una democracia...

Acá no se puede dejar de pensar en “El político y el científico” de Max Weber, solo que acá no hay un criterio de neutralidad del científico, con la emergencia de los técnicos y su voluntad de poder, que pueden olvidar los acuerdos éticos, tratando en nombre de la ciencia aspirar al entendimiento y al cambio, limitados por la focalización que viene también acompañada de un olvido, el bienestar universal.

No hay balance en estas contradicciones, pues pueden surgir modelos populistas, sin criterios técnicos que pueden llevar a la quiebra, o modelos político-legales que bloquean la sociedad, o modelos técnicos que se olvidan del conjunto de la sociedad... Para finalizar, aunque el último suena esperanzador, hay que ponerlo en duda, pues la ciencia y la experticia también se han olvidado de la guía que dirige el bien común, y esto es, una guía ético-científica: que el saber especializado en conjunto con una ética general pueden mejorar la calidad de vida y movilizar a aquellas personas que no solo velan por sí mismas, que más que preocupadas por una variable de gestión burocrática, pueden actuar por una sociedad para mejorar la vida de los que vienen y dar una vida digna a los que se van.

Julio Solís Moreira
Sociólogo e Investigador
09/10/13

lunes, 12 de noviembre de 2012

La Costa Rica de siglo XXI

Puentes bailey, casas y techitos de un país provisional, platinas desgastadas, políticas coyunturales sin peso institucional, actos de corrupción por doquier, desmantelamiento de los servicios públicos y bienes comunes destrozados, regulaciones ineficientes en materia de gestión pública, obra pública mal construida por el estado y las concesionarias, cobro ineficiente de los tributos, ventajas para los ya favorecidos, inequidades y aumento del riesgo de empobrecimiento de la niñez, etc, etc, etc.

Las evidencias fácticas están y señalan que es imposible seguir sosteniendo el mito “igualitario”, pero acá todavía se rasgan las vestiduras con la idea de una “clase media” idílica, que al contrario, está desgastada y vulnerable, en beneficio de un grupo pudiente que no le retribuye mucho a la sociedad, más que la opulencia reflejada en el comercio de lujo, la segregación urbanística, la estetización elitista de un “nuevo mundo a la tica” que ha llegado al siglo XXI para ver sus logros y bienestar general caer.

Lo común de la Costa Rica contemporánea está en los abismos, materiales y simbólicos. Unos se sientan al lado de las latas y las letrinas hechizas de la exclusión, mientras que algunos pueden certeramente planificar sus vidas al lado de preciosas losas y grandes espacios ideados solo para los “sueños” del niño de un barrio pobre. La realidad es hermosa para aquel que recibe los beneficios del ya beneficiado, con servicios de calidad académica, con pedagogos que cuentan de forma grandilocuente la historia de la humanidad y el logro civilizatorio de las nuevas ideas que se desarrollan en un abismo enrejado, entre unos  ciudadanos y los otros, unos que tienen la seguridad de trabajar y acceder a los lujos de la opulencia, mientras que están aquellos que reflexionan sobre el temor y la incertidumbre del hoy, de pensar en que comer y como lograr sobrevivir para reproducir esa supervivencia en la lucha de los más “meritorios”.

La justicia de unos en los derechos de diferencia de otros, hace evidente una advertencia: la inhumanidad que camina del lado de las “mejores intenciones”. Es capaz que algunos tengan una movilidad ascendente nos más que al “reino de los cielos”, porque no les dio la energía para comprender el porqué del empleo en plena decadencia, el trabajador pobre, la informalidad y la precarización laboral, fenómenos que son “simples” externalidades del mercado, según el punto de vista de unos gerentes del desarrollo que aspiran a una “inclusión” a medias.

Al final del camino observamos la inseguridad de ser humanos en una sociedad donde se distribuyen los problemas a los incluidos precariamente y se vigila a los sectores vulnerados, en caso que no cumplan con las reglas de un todopoderoso mercado. 

Julio Solís Moreira
Sociólogo e Investigador 
12/11/1


jueves, 20 de septiembre de 2012

Los colores que no vemos...

Julio Solís Moreira
Sociólogo e investigador

La selección de este título no es una casualidad, es una invitación. Quisiera señalar como primer argumento, que cuando nos enfrentamos al entendimiento de la realidad estamos rodeados de diversos  condicionantes que son significativos en la selección de temas y problemas de investigación social. 

En el trayecto de nuestras vidas nos han educado o esculpido la mirada, entiéndase esto, como la incorporación  subjetiva  de  ciertas formas de ver el mundo, formas recreadas desde las relaciones sociales primarias (familiares, de barrio, las relaciones cotidianas, entre otras), hasta los procesos formativos institucionales (escuela, colegio, universidad), relaciones que están referidas a  la  posición social en la que hemos nacido,  el estrato socioeconómico, la zona geográfica de residencia.


lunes, 4 de junio de 2012

Políticas del etiquetamiento criminal


ARTÍCULO COMPLETO en .pdf

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Politics of representation, criminal labeling and accountability for the public safety in the “Diario Extra” editorials (2008-2010)

Julio Solís Moreira[1]
Sociólogo e investigador

“…la violencia es el lenguaje de los que nacen en una pecera de violencia. Aclaro que esto de la pecera no es sinónimo de pobreza, porque en los ricos la violencia aparece montada en BMW.” (Garita, 2007)


Resumen: La llamada inseguridad ciudadana se ha convertido en los últimos años en un asunto público central de la sociedad costarricense. En este escenario se potencian los agentes que interpretan la temática y por lo tanto la representan e inciden en las acciones a tomar en cuenta para su intervención. Siguiendo tal contexto surge este artículo, que buscar entender cómo se narra el tema de la inseguridad, con un objeto concreto: delinear los ejes discursivos presentes en la formación de las representaciones narrativas ligadas en la constitución de sujetos etiquetados como criminógenos, en el caso de tres editoriales del Diario Extra del año 2008 al 2010 en Costa Rica.

Palabras claveEtiquetamiento Criminal, Responsabilización Ciudadana, Inseguridad, Víctimas y Victimarios.

Summary: The so-called insecurity citizen has become in recent years in a medullary public issue of Costa Rican society. In these scenario the number of agents that interpret the theme have increased, and therefore, represent and affect the actions to take into account for its intervention. Based in this context is where this article emerges, which search and try to understand how the subject of the insecurity is told, taking as reference a particular and concreted object: Delineate the discursive axes presents in the molding of the narrative representations linked in the constitution of labeled subjects as criminogenic, in the cases of three editorials published in the “Diario Extra” in the year 2008 to the 2010 in Costa Rica.

Keywords: Criminal Labeling, Accountability Citizen, Insecurity, Victims and Victimizers.


[1] Sociólogo e Investigador en el programa de investigación PROCULTURA del Centro de Estudios en Cultura y el Desarrollo (CICDE) en la Universidad Estatal a Distancia (UNED), Costa Rica. Se ha dedicado a investigar temas como: análisis del discurso y políticas públicas en el ámbito de la seguridad ciudadana, prevención local del delito, seguridad comunitaria, política criminal, convivencia urbana, control social y participación ciudadana. Correo: jsolis@uned.ac.cr 

lunes, 9 de marzo de 2009

PROYECTO: como parte de la organización social.


Si hablamos de un proyecto, en adelante hablaremos de la organización humana, de sujetos(as) de acción y las condiciones que les han constituido, sea para luchar, reír, desear, o idear como convivir con los otros y con sí mismos. En esta articulación de sentido, motivos y conciencia, se pone de manifiesto el logro humano, donde las utopías pueden no serlo, es la organización creada para cambiar el mundo o una parcela del mismo.

La articulación estructural del sentido de un proyecto, se elabora construyendo algo bastante coherente para el entendimiento y el cambio de alguna realidad a impactar, lo anterior obliga a las prioridades -objetivos-, entre la táctica y la estrategia. No hay acción articulada que sea perfecta, más bien es una lucha por arreglar lo ayer descuidado, buscando la disposición de lo valorado (cambio), del entendimiento del mundo, de la realidad, para la organización con con-ciencia.

“Un proyecto se refiere a un conjunto articulado y coherente de actividades orientadas a alcanzar uno o varios objetivos siguiendo una metodología definida, para lo cual precisa de un equipo de personas idóneas, así como de otros recursos cuantificados en forma de presupuesto, que prevé el logro de determinados resultados sin contravenir las normas y buenas prácticas establecidas, y cuya programación en el tiempo responde a un cronograma con una duración limitada.” Montealegre (7:2008)

Asimismo como plantea González (2008) el proyecto se puede vislumbrar en dos vías, primero el proyecto como componente del proceso de planificación, como un instrumento importante, que al utilizarlo permite alcanzar crecimiento y desarrollo en mayor grado, expresado ello entre otros por: una mayor producción, más empleos, mejor salud y otros indicadores que evidencian bienestar, progreso y mejoras en los niveles de vida.

Y por otro lado, el proyecto emerge como facilitador del proceso de toma de decisiones, sobre todo cuando se va a realizar una inversión, con la finalidad de saber si esta es conveniente o no. Toda inversión (privada, pública, económica y/o social) requiere de estudios previos como: verificar la viabilidad técnica, comercial, económica, legal y financiera, todo ello dentro de un contexto donde se cumplan con parámetros que conlleven a determinar si el proyecto debe ejecutarse o no.


Proyecto SOCIAL.

Se ha expuesto el proyecto, como parte de la organización social, pero esta aproximación se tiene que profundizar, por el hecho de que una organización por más general que sea, es tan solo una parte de un conjunto social.

Según Hall (29:1988), esta dinámica entre organizaciones y la organización social, es uno de los problemas que se presentan al analizar o pensar acerca de las organizaciones, porque el termino a veces se asimila a la organización social, por ello es primordial no confundir un proyecto social como una obligación de la totalidad de la sociedad, pues los proyectos se construyen sobre las inquietudes de grupos o entidades concretas (políticas, económicas, sociales, etc.). Hay que tener en claro que las organizaciones (proyectos) son unidades sociales y tienen una condición: son deliberadamente construidas o reconstruidas para alcanzar objetivos específicos.

Estos fines-objetivos son de diverso orden y resultan de inquietudes específicas, que gracias a las disciplinas sociales se pueden convertir en problemas de estudio y objetos de investigación, conforme esto, se pueden tomar decisiones.

Algo fundamental para el sentido de un proyecto social, es el encontrar una situación inicial (objeto), aplicarle alguna estructura de conocimiento científico, para recomendar una situación deseada (fin), que sería lo que busca el proyecto.

Por ello el sentido de la investigación, el diagnostico, el análisis, son primordiales y estratégicos en un proceso que está por encima del proyecto, que tiene y tendrá que ver con el contexto en donde se desarrollan los proyectos, sobre todo cuando el concepto de planificación está en boga en las estructuras de administración estatal, para la implementación de Políticas Públicas, Planes o Programas Nacionales conectados a las Políticas Sociales, de Salud, de Seguridad, entre otras.

Tenemos entonces que empezar por comprender la planificación, como un conjunto de procesos mentales, sociales y organizativos que de manera anticipada mediante análisis de problemas, esquemas, estimaciones y decisiones que hay que tomar, descubren y determinan la forma, los procesos, los medios, costes y consecuencias, así como las condiciones y las etapas en que se puede o se debe conseguir un determinado objetivo. Hillmann (696: 2005)

Es un hecho, que vivimos en sociedades administradas, en las que el cálculo y el indicar hacia dónde dirigir los recursos de una manera prudente es fundamental, por lo que la PLANIFICACION Y PROGRAMACION SOCIAL es esencial. Muñiz (1983)

Julio Solís Moreira
Sociólogo e investigador
9/3/09

Lo leído se puede profundizar con más información de ATSocial en los siguientes links: Realidad social y Sociología urbana


Bibliografía.


-Montealegre Tovar, Mauricio (2008). Definición de proyecto. Servicio Nacional de Aprendizaje centro de Servicios Administrativos Regional Distrito Capital. Bogotá
-González Peña, Luis Alberto (2008). Qué es un proyecto. www.monografias.com, tomado el 14/02/2009.
-Hall, Richard (1988). Organizaciones: estructura y proceso. 1ª Edicion. Prentice-Hall. México.
-Hillmann, Karl-Heinz (2005). Diccionario Enciclopédico de Sociología. 2ª reimp. Herder Editorial. España.
-Muñiz, Arlette Pichardo (1983). Planificación y programación social. Editorial Universitaria. San José. Costa Rica.