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domingo, 22 de marzo de 2020

(Re)acciones colectivas en tiempos del Coronavirus


18 MAR, 2020
12:49 AM

En las últimas semanas diversos fenómenos se están volviendo comunes, entre ellos, el aumento de las filas en el comercio, las mediáticas compras compulsivas de papel de baño, alcohol en gel, desinfectantes, conservas, etc. Tales situaciones, son criticadas fervientemente por unos y ejercidas en silencio por muchos. En tal escenario se dejan ver diversas y complejas consecuencias de un evento pandémico que afecta los frágiles sistemas de organización social y las aparentes apacibles vidas cotidianas de la población.

Como primera medida de cambio, las acciones de los gobiernos, que además de ser distintas a nivel internacional son contraintuitivas a las vidas de las personas. El cierre de fronteras, la cancelación de los viajes por turismo, la acción o inacción de distintos gobiernos, las limitaciones de circulación en las ciudades, el distanciamiento social, la recepción y atención de los enfermos, son todas situaciones que potencian una sensación de pérdida de control de las propias vidas en las personas que habían proyectado viajes, actividades y encuentros.

La sensación de “falta de control” revela la fragilidad de la organización social. Organización que depende de una logística altamente interconectada para el mantenimiento de las necesidades cotidianas mediante la oferta de servicios públicos y privados. Tal incertidumbre por la “falta de control” frente a la afectación de esos servicios tendría diversas respuestas sociales que pueden derivar hacia sentimientos de miedo o temor.

Aunque habría múltiples manifestaciones o respuestas sociales, algunas a primera vista, están teniendo un impacto importante por sus efectos en las personas, como son, el uso de las tecnologías de información, la incidencia que tiene la información surgida de los sistemas de salud y la ciencia médica, y las capacidades que tienen los distintos gobiernos y las comunidades para enfrentarse a eventos de carácter inédito.

En cuanto a la tecnología, parece que hay un ciberleviatán levantado frente a nosotros, donde se multiplican los medios de información, no todos esos medios guiados por una intención de veracidad. Los límites de la información en este escenario se dan por una sobresaturación de estímulos a nivel sensorial y psíquico. En tal contexto se puede potenciar el acceso a la información en varias vías, pero sus usos son disimiles. Así, la información oficial y científica es contundente pero abstracta y compleja, la cual no entraría en un infográfico pero la población se ha habituado a una comunicación casi “telegráfica”. Frente a lo anterior, emerge gloriosa la información falsa, basada en rumores, en memes, en grupos que ofrecen remedios milagrosos y salidas fáciles e inmediatas reflejo de esa sobresaturación de “tener todo a la mano”. Sin dudas, la representación de la información entra en disputa, conquistando lo tendencioso mediante medios visuales en los que se ven calles vacías, supermercados con “desabastecimiento”, desmayos de personas “sospechosas de enfermedad”, hacinamiento en los centros de salud, entre muchos otros epifenómenos.

Con relación a la difusión de información, se puede encontrar un mecanismo discursivo y retórico denominado: de la parte por el todo (sinécdoque), en el cual a partir de imágenes o hechos concretos se generalizan comportamientos. De esta forma, la presentación visual de un evento particular emergerá a modo de aspecto justificativo, el cual la multitud tomará como una generalización, por ejemplo, una imagen de un estante vacío (parte) puede llevar a una asociación o creencia de desabastecimiento general (todo). Estas figuras discursivas son parte del quehacer cotidiano por excelencia.

La población también se ve enfrentada a la lógica de funcionamiento del campo científico. Por el estado de avance y novedad del coronavirus que ocasiona la enfermedad COVID-19 las informaciones recibidas son preliminares y contingentes, si bien la Organización Mundial de la Salud (OMS) y demás organismos oficiales han alertado con rigurosidad y se han hecho diversos estudios, la percepción cotidiana puede interpretar esas acciones como adaptativas al contexto y no contundentes, con datos que llevarán tiempo para ser procesados y sistematizados en relación a aspectos tales como la duración de la enfermedad, el periodo de incubación, los síntomas exactos, la prevalencia y el perfil epidemiológico, los efectos o consecuencias de quienes han pasado por la enfermedad.
Tales escenarios son vividos de manera significativa en el día a día con alta incertidumbre. 

La ruptura en el paso de un estado de latente control social a uno de alta fragilidad de ese control conllevará a tener máximos cuidados en el tratamiento de la emergencia, debido a que la información es altamente confusa, y las respuestas sociales podrían tener consecuencias negativas, como antes se indicó, usando de ejemplo las respuestas sociales en el ámbito de las tecnologías de la información y el campo de la ciencia.

De la misma forma, dentro de las diversas consecuencias surgidas de las respuestas sociales pueden emerger formas de representación colectiva que podrían expresarse en prácticas concretas. Dentro de esas formas, están los mecanismos discursivos de exclusión, similares a lo que propone Foucault en “El orden del discurso”, y que implican formas de separación y rechazo. Se podría decir que estos mecanismos conllevarían inercialmente a creer en posibles situaciones ficcionales de decadencia o ruptura del orden social.

Los principios de oposición se pueden referir a la negativización del otro, y esa otredad puede ser una característica material o abstracta. Se pueden simbolizar oposiciones duales, como la supervivencia del individuo frente a lo colectivo, que en los entornos hacinados y empobrecidos la epidemia se “propagará” más rápidamente (aun cuando la pandemia es generalizada), la sensación de una recesión ya vivida aumentada por un posible desorden social causado por la pandemia frente al orden social positivo (el pasado fue mejor a modo de argumento conservador), el retorno a los vínculos primarios (proteger a la familia) frente a las corporaciones colectivas. El razonamiento dispuesto puede justificar el principio de supervivencia, de lo primario frente al otro, a lo desconocido, de la agrupación cercana frente a la solidaridad de la sociedad en general. Muy bien representadas estas narraciones por la ciencia ficción a modo del mundo en la película Mad Max.

Existentes tales representaciones, respuestas sociales y prácticas concretas que conllevan a la histeria grupal, se ha de apostar por respuestas colectivas contundentes, protocolos de actuación que prevengan las posibles manifestaciones de ruptura con los derechos de las personas para garantizar desde el sector gubernamental y el sector privado la oferta equitativa de los bienes públicos y de uso común. Tales bienes serán necesarios para salir de un escenario inédito en la historia, por los recursos dispuestos y los sacrificios que tendremos que sostener como sociedad.


Delfino CR

Julio Solís Moreira

Sociólogo e investigador social.

martes, 29 de noviembre de 2011

Hacia dónde va la acción pública en el Sector Salud

En el contexto de la llamada “crisis de la CCSS” se necesitan observaciones y discusiones, sobre la organización y gestión de los servicios públicos. Estamos frente a una coyuntura conflictiva que define el futuro de un bien común fundamental para la calidad de vida de la población costarricense. Pensando las cosas a nivel organizativo subyacen varias condiciones –manifiestas- que han de ser discutidas en el marco de horizontes del Sector Salud:

a) Hay que ir más allá de la simple crítica sobre los llamados gastos administrativos y la supuesta “burocratización”[1]. Más bien es vital hablar sobre la transparencia en los gastos, esto para superar el entrabamiento de la comunicación y fiscalizar a aquellos que quieran privilegiarse y enriquecerse del servicio público de salud (biombos, sobresalarios, etc.)
b) Asimismo hay que monitorear y evaluar los resultados de la gestión por medio de auditorías sobre los procesos internos de gestión, en específico sobre la actuación de los funcionarios (administrativos, médicos, enfermeros, trabajadores sociales).
c) Para lograr lo anterior, surge la necesidad de gestores comprometidos éticamente y con competencias para asumir jefaturas técnicas y administrativas, por méritos y no por la típica politiquería de escoger al dedillo ¿Dónde está el Servicio Civil? ¿y la Contraloría General de la República para fiscalizar?
d) Sin dudas, un punto central de esta coyuntura conflictiva, está en la necesidad de motivar al cuerpo de funcionarios revirtiendo las brechas salariales y la elitización (entre los estratos bajos y altos), trazando así, expectativas favorables a la organización del servicio público de la CCSS.
e) Además, no es viable que los servicios sigan una lógica del bombero, de llegar a la zona de los hechos cuando la amenaza (riesgo) se convirtió en un desastre y administrarlo. Las instituciones que no se observan e identifican en territorios reales pierden su capacidad organizada de prevenir y evaluar lo que funciona.

En fin, las observaciones anteriores pueden servir para evitar las distancias concretas en la intervención y promoción de la salud en los lugares de habitación; brechas que se reflejan en la inseguridad del asegurado, última que radica en las distancias del servicio brindado alejando al usuario del uso de los servicios públicos[2].

Julio Solís Moreira
Sociólogo e investigador
29/11/11

Bibliografía

CGR. (2011). Presupuestos públicos 2011. San José, Costa Rica: Contraloría de la República.
OMS. (2010). Estadísticas Sanitarias Mundiales. Ginebra, Suiza: Organización Mundial de la Salud.
OPS. (2004). Perfil del sistema de servicios de salud de Costa Rica. San José, Costa Rica: Organización Panamericana de la Salud, Ministerio de Salud.

Citas:

[1] Según la CGR (2011, pag.111) los gastos administrativos y la conducción institucional no son tan elevados del % total de gasto en la CCSS, con un 5,6% al 2011. Además como señala la OPS (2004) para el Sector Público “El análisis del gasto también deja ver la escasa inversión en infraestructura y formación de recursos humanos, así como la insuficiente definición de políticas de asignación de fondos públicos.” (p.32)
[2] La OMS (2010, p.130) plantea como hay un aumento del gasto privado en salud como % del gasto total en salud, que paso de ser del 23,2% en el 2000 al 27,1% al 2007. Esto aun cuando la CCSS cubre a un 87,5% de los trabajadores.