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sábado, 30 de junio de 2012

Más franqueza y transparencia en la función pública II

Para iniciar quisiera hacer una salvedad al contexto costarricense. Desde hace varios años los gobiernos hablan con gran preocupación "del papel" de la ética pública y la lucha contra la corrupción en la función gubernamental.

Ejemplificando lo anterior, se han creado una multiplicidad de instrumentos de control en el ámbito del sector publico, como la Ley de Enriquecimiento Ilícito (luego de los casos de los expresidentes), se creo también una Procuraduría de Ética Pública, se ha promovido la fiscalización desde la Contraloría General de la República, ha aumentado el control político por parte de los legisladores más progresistas, igualmente los medios de comunicación han tenido su parte revelando gran cantidad de casos de corrupción.

Todo lo anterior refleja la preocupación señalada y se manifiesta en el constante reclamo social alrededor de la gestión de los recursos del sector público.

No hay duda de que los continuos casos de corrupción en Costa Rica revelan a primera vista una falta de transparencia en la gestión y el uso incorrecto de los fondos públicos. Pero hay que ir más allá. Se ha de tener en cuenta que aquel que es etiquetado como corrupto está asociado a un escenario complejo, de influencias por parte de organizaciones o personas "corruptoras" que buscan ventaja para sus intereses y negocios, actores que ponen en primer lugar el “beneficio” privado de sus empresas (políticas y económicas) más allá del bien de su comunidad o de la sociedad en general.

Quisiera señalar que los dilemas presentados también van más allá de la inocente discusión de orden deontológico alrededor del mejoramiento de la llamada ética pública, sino que está en el carácter de las relaciones entre los ámbitos público y privado en Costa Rica (relaciones cada vez más difusas). Lo anterior se manifiesta con el aumento en las últimas décadas de las problemáticas concesiones de los servicios y bienes públicos hacia el sector privado (salud, educación, comunicación, obra pública, servicios de mantenimiento, entre otros).

Otro síntoma de los problemas asociados a la corrupción se observa en la “vida diaria”, es casi una “costumbre” ver la existencia de ventajas creadas por relaciones “clientelares” y no por decisiones centradas en la administración eficaz de los fondos públicos, esta situación deja el “juego listo” para que los actores que están en la esfera pública y privada se guíen por la falta de criterios técnicos y dejen una el camino abierto a la corrupción.

Al final, cuando se demuestra la existencia casi “obvia” de alguna organización corrupta, es que emerge el "sobreprotector" orden penal que como última medida (ultima ratio) busca castigar los delitos tipificados, dígase, el trafico de influencias, el peculado, los sobornos, los cohechos, etc. Esta confianza ciega en el castigo como fuente de resolución de las relaciones sociales -antes señaladas- genera un problema básico, al final la ley no puede anticipar las complejas relaciones entre corruptos y corruptores.

Como cierre de esta reflexión hay señalar que si se quiere prevenir la corrupción y mejorar la transparencia, los actores públicos y sobre todo los privados deben responsabilizarse por sus actos. Las culpas no están solamente en “lo público” están en general dentro de la sociedad costarricense, sociedad que en vez de ser perfecta y “feliz”, debería tomar en serio la discusión de los efectos que está teniendo la corrupción en la calidad vida y el bienestar de todas y todos. Al final por la corrupción se construirán menos centros de salud, escuelas, comedores escolares… 

Publicado en la Revista Paquidermo
Julio Solís Moreira
Sociólogo e investigador
30/06/12

martes, 9 de agosto de 2011

Los dilemas de la gestión pública, vista desde la ética pública.

Carlos Carranza Villalobos. Costa Rica.
Julio  Solís Moreira. Costa Rica

La “Ética en la función pública” aparece en contextos políticos, económicos y sociales; en los discursos, en lo cotidiano, entre las relaciones y las realidades concretas. Las condiciones en la organización de la ética en la función pública costarricense son el imperativo por tratar, de parte de los actores que están inmersos en la dinámica Estatal, sobre todo en la reproducción de diversos cursos de acción que se articulan en la coyuntura del actual gobierno (Oscar Arias Sánchez 2006-2010). Este estudio se sitúa desde el impulso de diferentes acciones: del discurso político frente a la realidad, de los actores sociales en el escenario de lucha contra la corrupción, de la función política e institucional (instrumentos que toman curso en la coyuntura), de las condiciones del funcionario público frente a las estructuras jurídico-políticas, así como, de los medios que surgen para catalizar el esfuerzo ético. 

Palabras claves: Ética. Función Pública. Acciones públicas. Corrupción. Esfuerzo hacia la Transparencia.

Keywords. Ethics. Public service. Corruption. Effort toward Transparency

lunes, 16 de mayo de 2011

En Costa Rica la ética pública está lejos de ser una realidad

Han pasado casi 7 años del inicio de las causas anticorrupción contra los expresidentes, juicios que han costado un dineral y que han afectado fuertemente la debilitada legitimidad del sistema político y jurídico costarricense.

Las últimas semanas han sido álgidas en cuanto a revivir estos hechos de corrupción como tema en la agenda pública del país. Nos damos cuenta que a los autores intelectuales de los delitos asociados al caso CCSS-Fischel, les impugnan una pena mínima y luego les dan casa por cárcel.

Tal decisión penal es sin lugar a duda, decepcionante. La complejidad de los actos de corrupción, el nivel de elaboración y planeamiento por parte de los autores hace inconcebible que sean juzgados de tal manera. En un final son actos que no tienen otro nombre más que el de delito, desde el peculado (robo de dinero público o privado), el tráfico de influencias, los sobornos, los biombos, entre otros.

La corriente de la criminológica crítica ha evidenciado como los grupos de poder criminalizan ciertas faltas y otras no. Esto se refleja cuando los delitos económicos no se penalizan de la misma forma, aunque son actos muy costosos para el "bien común". Cuantas cosas se pudieron haber construido, escuelas, centros de salud, comedores para los niños.

Todo lo anterior se da por la falsa percepción de que los supuestos corruptos de "cuello blanco", son "respetables" en el orden social, y por lo tanto están etiquetados de forma muy diferente.

La ratificación de la condena refleja la debilidad en controles anti-corrupción, situación que crea un precedente en la función política y pública: "robaras y no iras a la cárcel".

Julio Solís Moreira
Sociólogo e investigador
16/5/11

lunes, 18 de agosto de 2008

Más franqueza y transparencia en la función pública.

Julio Solís Moreira*
Sociólogo e investigador

Cuando se lleva a cabo un esfuerzo por mejorar el orden de las cosas, aparecen dificultades. La gestión de la ética pública surge de diversas discusiones en la dinámica de la institucionalidad pública y el control contra la corrupción, presiones por responsabilización en el manejo de recursos públicos.

El escenario donde se gestiona la ética pública está lleno de limitaciones, de discursos electoralistas, que posteriormente se evaden. Instituciones como la Procuradoría de Ética Pública o la Contraloría General de la República asumen técnicamente el problema y se pronuncian, para fiscalizar, vincular y hacer rendir cuentas.

Aparece el tema de los bienes estatales y la administración privada de los mismos, de la concesión de obra pública, la negociación con actores no gubernamentales —nacionales e internacionales—. Casos como los tratos con las empresas Alterra y Alcatel han puesto en duda la transparencia en la gestión de recursos públicos; en un espacio donde el Estado tiene que comprar, negociar y vender servicios.

Por otro lado, está la calidad —número, integración, consistencia— de la gestión y las acciones que se toman; de la prevención, la acción penal, de crear mecanismos para la rendición de cuentas, de la declaración de bienes a los funcionarios, de crear procuradurías para recibir denuncias. Que los legisladores ejerzan un enérgico control político.

Situaciones como las ocurridas en el Consejo Nacional de Producción y la denominada ley burro del Instituto de Desarrollo Agrario, exponen la necesidad de reestructurar decisiones públicas, nombramientos gerenciales e integración de ciertas juntas directivas. Encontramos un Gobierno que entró con un discurso ético que se ha hecho impreciso, reflejado en la falta de injerencia hacia problemas puntuales, como el del memorando, al cual el Presidente no dio importancia, y fue a través de presiones externas que hubo injerencia en la destitución de Kevin Casas.

En el campo de la ética pública, es esencial analizar cuáles son los cursos de acción que aparecen, de presiones nuevas y de la fuerza de los actores sociales; estos últimos tienen que enfrentar a la institucionalidad y la disposición política para el cambio, el desafiar a las estructuras ancladas en el Estado, como las clientelas, los respetos y las confianzas.

Se debe analizar si las acciones son congruentes con el mensaje del Presidente de la República y el Consejo de Gobierno. Los medios de comunicación deben vigilar y verificar para poner en evidencia situaciones comprobadas. Así la sociedad podrá contar con la información oportuna para generar opinión.

En fin, la preocupación reside en la “confianza” hacia un sistema político, su capacidad de gestionar la emergencia de nuevos actores que presionan hacia más transparencia y franqueza en la toma de decisiones. De crear espacios para la acción ciudadana en la reforma de las capacidades del Estado.


(*) Asistente de investigación, Proyecto Análisis de Coyuntura, Universidad Nacional. Heredia. Costa Rica.