martes, 13 de abril de 2010

El OIJ en la UCR: ¿el atropello policial como patrón?

Ayer las fuerzas de un mal llamado “orden público”, irrumpieron en la UCR, violentando a estudiantes y funcionarios.

Tal intervención, hace pensar en la llamada “confianza ciega en la autoridad”, expresada cuando hay acciones violentas de instituciones u organizaciones -como el OIJ y la Policía-, que terminan siendo legitimadas -sin controversia- por los ciudadanos y otros actores, como los medios y algunos políticos.

Además de la confianza ciega, otra cuestión importante que al parecer se está viviendo Costa Rica es, “la promoción del control y la represión”, a través de la asignación de altos niveles de credibilidad y responsabilidad a organizaciones de corte penal (la policía y el poder judicial), con fin el de asegurar ciegamente y a toda costa la nación o la población.
Asimismo, en este tipo de escenarios, se aboga por políticas de mano dura (más policías, más penas, más cárceles, más patrullas, más armas, más rudeza) y de “cero tolerancia”, que muchas veces no toman en cuenta las libertades y las garantías de los ciudadanos.




Siguiendo esas políticas, y con el fin de comprender el hecho, se puede pensar que las fuerzas policiales al mismo tiempo privilegian un punto de vista del amigo-enemigo, donde cualquier sujeto o persona que se enfrente al “orden”, es un criminal en potencia; por ello la violencia no es un recurso último, sino el más privilegiado, debido al potencial “maligno” del otro.

Frente a lo anterior, es comprensible que las fuerzas policíacas de forma arbitraria, irrespeten los derechos de los ciudadanos, lesionándoles su integridad física; integridad que más bien deberían defender. Tal comportamiento parece irracional, pero responde al hecho de una “creencia policial” basada en que todos somos enemigos, y que ante cualquier falta se debe tener “cero tolerancia”.

Así, por ejemplo, un simple arresto por un hecho de corrupción, se convierte en lo que parecía la búsqueda de un criminal violento, o algún caso de extrema seriedad; una misión que cumplirán a toda costa y sin vacilaciones, pasando por encima de todo (estudiantes, funcionarios, seguridad universitaria, etc).

En fin, el uso de la violencia y la fuerza no tiene justificación alguna dentro de un recinto universitario, y no es posible que los estudiantes sean atropellados de tal manera, con tal cinismo, por unos gendarmes agresivos.

La fuerza debería ser la última medida, nunca la primera forma de actuar. Si esto no sucede, estaremos encaminados a un estado policíaco, donde la pena y la violencia se imponen al derecho y a la vida.
Julio Solís Moreira
13 de abril del 2010